AdminMensajes: 4063Ubicación: Con los pies en la tierra y la cabeza en el cielo.Registrado: Mié Dic 06, 2006 1:22 am Nivel: 48
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EL VENDEDOR DE GLOBOS
Un vendedor de globos vendía su producto en las calles de Nueva York.
Cuando el negocio bajaba, soltaba un globo, al flotar en el aire, se reunía una nueva multitud de compradores y su negocio se fortalecía por unos minutos.
Alternaba los colores, primero uno blanco, luego uno rojo y después uno amarillo. Al cabo de un tiempo, un pequeño niño negro le jaló la manga del saco, miró al vendedor a los ojos y le preguntó: “ Señor, si suelta un globo negro, ¿subiría?".
El vendedor de globos miró al pequeño y con compasión, sabiduría y comprensión le dijo:"Hijo, lo que los hace subir es lo que está adentro de ellos".
Ciertamente el niño tuvo la fortuna de encontrar a una persona que veía no solo con sus ojos.La persona que puede ver con el corazón y ojos, también puede alcanzar a tocar el espíritu dentro de otro ser humano y revelar lo bueno que hay en su interior.
El vendedor de globos tenía razón: LO QUE ESTÁ DENTRO DE TI, ES LO QUE TE HARÁ SUBIR.
_________________ Daría todo lo que sé, por la mitad de lo que desconozco...
AdminMensajes: 4063Ubicación: Con los pies en la tierra y la cabeza en el cielo.Registrado: Mié Dic 06, 2006 1:22 am Nivel: 48
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Un samurai grande y fuerte, de carácter violento, fue a buscar a un pequeño monje:
_Monje, ¡enséñame cosas sobre el cielo y el infierno!-dijo con una voz acostumbrada a la obediencia inmediata.
El monje, tan pequeñito miró al terrible guerrero y respondió con el más absoluto desprecio:
-Enseñarte a ti cosas sobre el Cielo y el Infierno? Yo no puedo enseñarte nada. Eres inmundo. Tu hedor es insoportable. La Lámina de tu espada esta oxidada. Eres una vergüenza, una humillación para los samuráis. ¡Vete de mi vista! No consigo soportar tu presencia ominosa. El samurai se enfureció. Estremeciéndose de odio, la sangre le subió al rostro y ni siquiera conseguía hablar de la rabia que sentía. Empuñó la espada, la levantó sobre su cabeza y se preparó para decapitar al monje.
-Esto es el infierno -dijo el monje tranquilamente.
El samurai se quedó pasmado. La compasión y la dedicación absoluta de aquel pequeño hombre, ¡ofreciendo su propia vida para enseñarle lo que era el infierno! El guerrero bajó lentamente la espada lleno de gratitud, súbitamente pacificado.
-Y esto es el cielo -sentenció el monje con serenidad.
FELIZ DÍA A TODOS.
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